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PHIL LYNOTT, Vagabond, Warrior and King…  

  Llevo una temporada re-enganchado a  THIN LIZZY…  que maravilla de grupo. Verdaderamente no hay muchas bandas que sepan trasmitir sensaciones con tanta fidelidad como ellos lo hacían en sus canciones. En su día escucharlos me sirvió para escribir este reportajillo que apareció en la revista THIS IS ROCK y que disfruté mucho haciendo, buscando datos, contrastando, bueno, ese tipo de cosas. Espero de todo corazón que disfrutéis tanto leyéndolo como yo disfruté escribiéndolo.

  

El cuatro de enero de 1986 terminaba la agonía de Philip Parris Lynott, a quien encontraron inconsciente en su casa victoriana de Londres poco más de una semana antes. Ni los cuidados de su madre en un hospital de Salisbury, ni su fuerte constitución, pudieron evitar que su vida se apagase dejando huérfano al rock and roll, en una historia de excesos tantas veces repetida. Casi veinticinco años después intentaré rendir un humilde tributo a un personaje clave, cuya carrera tiene algunos de los momentos más bellos, sinceros y emotivos de la historia del rock…  

Los primeros años de Phil no debieron ser un lecho de rosas a juzgar por lo que dicen muchas de las letras de sus canciones. Basta pensar en que nació como hijo ilegítimo de padre brasileño negro (que no tardó en desaparecer) en la Irlanda católica de mediados del pasado siglo para hacerse una idea. Su madre, Philomena Lynott se vio obligada a dejar a Phil en manos de tíos y abuelos, en especial su abuela Sarah, para poder trabajar y salir adelante. Una historia de vidas corrientes, con sus tristezas y miserias que nuestro héroe combatía con su gran pasión, la música.  

Siendo casi un niño ya había pasado por un montón de bandas, como The Black Eagles, un quinteto donde él cantaba. De vez en cuando abrían los shows de grupos más o menos grandes, y aparte tenían un local fijo en Dublín donde tocaban cuatro veces por semana.  

  

Allí coincidieron Mod & Cave Dwellers cuyo batería, Brian Downey, fue fichado por Lynott para su grupo.Cuando The Black Eagles desaparecieron, Phil aún no tenía dieciocho años, así que su abuela Sarah le obligó a ingresar como aprendiz en un colegio de formación profesional, pero nuestro hombre no estaba hecho para la mecánica, y abandonó al cumplir la mayoría de edad para formar parte de Kama Sutra, un grupo con cierto prestigio en la escena beat de Dublín. Lo cierto es que él estaba más interesado en el sonido blues, así que cuando Brendan Shields le propuso unirse a su banda Skid Row no se lo pensó dos veces. Brendan no solo le quería a él como cantante, si no que pidió a Phil que se trajese a Downey para tocar la batería junto a él y un guitarrista llamado Gary Moore. Finalmente la formación no cuajó y tanto Lynott como Downey desaparecen cada uno por su lado, aunque no tardarían en volver a estar juntos en otro grupo llamado Orphanage.  

EL NACIMIENTO DE UN MITO 

La primera encarnación de THIN LIZZY

La historia de Orphanage consistía en pudrirse en el local de ensayo y actuar en pubs para sacar alguna libra extra, sin embargo los calendarios lucían las últimas hojas de 1969, cuando las vidas de Lynott y Downey cambiaron para siempre. Fue una de tantas noches en el famoso Countdown Club de Dublín cuando un guitarrista de Belfast llamado Eric Bell se acercó a Downey.  

 Bell había quedado impresionado por la solidez de la base rítmica del grupo (Phil ya tocaba el bajo además de cantar) y les propuso formar un trío. El background del rubio guitarrista incluía haber formado parte de los Them de Van Morrison, de manera que aceptaron y el cinco de marzo de 1970, en el mismo Countdown Club nace la leyenda: Thin Lizzy debutan en directo.  

En los primeros meses llevaban el apoyo de un teclista llamado Eric Wexen, pero decidieron prescindir de sus servicios y quedar en un formato más reducido, quién sabe si para evitar gastos en aquellos momentos tan duros. Las cosas eran tan difíciles que a menudo Lynott y Eric actuaban con sus guitarras como dúo acústico, en esos bares donde los rudos obreros irlandeses quieren tomarse sus pintas de Guinness con tranquilidad. Incluso llegaron a tocar por las terrazas de Grafton Street, haciendo canciones de Simon & Garfunkel o Dylan para los turistas, mientras vivían en casas hacinados junto a otros jóvenes en plan comuna. Su suerte no cambiará ni con la edición de un primer single, ‘The Farmer’ (Parlophone, 1970), ni con su brillante debut para Decca, ‘Thin Lizzy’ (1971), y tuvieron que ir resistiendo concierto a concierto y disco a disco hasta que el éxito llamó a su puerta del modo más inesperado.  

  

Chris O’Donnell era el nuevo manager del grupo y fue él quien insistió para que grabasen una canción tradicional irlandesa llamada ‘Whiskey In The Jar’ 

El single que lo cambió todo

como cara B un single para promocionar el tour en que abrirían para Slade. Ellos solían tocar aquella canción un poco en plan de broma, para relajar al final de los ensayos, pero O’Donnell vio el potencial de la combinación entre la raíz celta y los riffs de Eric Bell y no sólo les instó a grabarla, si no que la editó como cara A, poniendo a Thin Lizzy en lo alto de las listas irlandesas e incluso en el nº6 de las inglesas. 

Todo ello trajo sus consecuencias. Por un lado Thin Lizzy tenían una presencia constante en las emisoras y los shows eran cada vez más abundantes, pero a aquellas alturas Phil Lynott se había convertido en el capitán de la nave, y los aires no soplaban en la dirección que Eric Bell buscaba cuando creó al grupo, de manera que decidió dejarlo.  

LOS AÑOS DE ORO  

Con Phil al mando, la banda pasó por cambios, tanto en el sonido como en el concepto que como grupo habían tenido hasta entonces. Eric Bell era a Thin Lizzy lo que Uli Jon Roth a Scorpions, es decir, un músico forjado en la vieja escuela a base de jam sessions e improvisaciones interminables cuyos horizontes se ceñían exclusivamente a lo musical. De alguna manera el éxito parecía asustarle. Todo lo contrario ocurría con Lynott, un animal de escenario con un concepto del rock más glamouroso y visual, que parecía querer hacer de Thin Lizzy la proyección de su innata elegancia y estilo.  

LA formación clásica.Robertson, Downey, Philo y Gorham.

Los nuevos Lizzy tendrían dos guitarras en escena, un jovencísimo fan de Glasgow llamado Brian Robertson que entró en la banda con diecisiete años y un “soldier of fortune” procedente de California conocido por Scott Gorham. Ambos aportaron, aunque no de manera inmediata, el sonido que Phil buscaba: melódico, compacto, armónico y agresivo. Algo sencillamente perfecto, que se mantuvo casi invariable y como seña de identidad hasta el final del grupo, a pesar de los cambios de personal. 

 Durante aquellos años Lynott gozó de su mayor esplendor tanto como músico y cantante, como compositor y letrista, donde brilló especialmente en tres terrenos: el autobiográfico, el romántico y el político-social. El primero está reflejado a lo largo de continuos guiños en los que nos abre su corazón relatando, unas veces de modo casi imperceptible y otras totalmente directo, experiencias, reflexiones y, en definitiva, pedazos de su vida descritos en momentos como ‘Cowboy Song’ o ‘Got To Give It Up’. El campo romántico era algo que Phil también dominaba a la perfección, pero donde otros escribían letras cursis y previsibles, él daba un tratamiento muy personal, incluso crudo en ocasiones, lo que hacía de letras como la de ‘That Woman’s Gonna Break Your Heart’ o la archiconocida ‘Don’t Believe A Word’ algo muy especial. Por último, los temas sociales e históricos también tienen un gran reflejo en sus textos; dejó ver su amor y preocupación por Irlanda en incontables ocasiones, y a menudo reflexionaba sobre la injusticia, bien de forma solapada como en ‘King’s Vengeance’, o bien directo y a la cabeza, como en ‘Massacre’.En 1974 escribió un libro de poemas titulado “Songs For While I’m Away“, que según sus palabras iba a tener un segundo volumen del que ya tenía el nombre (“Fatalistic Attittude“), pero que jamás vio la luz. También participó en una colección de relatos cortos titulada “The Roady” y se publicaron dos libros que recopilaban las letras de sus canciones, uno titulado “Philip” editado en 1977 y otro que salió dos años después bajo el nombre de “A Collected Works of Philip Lynott“.   

Eran años en que la sensibilidad equilibraba su lado más salvaje, aunque finalmente la balanza cayó del lado equivocado.   

LA VIDA EN EL FILO   

Si bien Lynott podía presumir de una creatividad de hierro, como acabamos de ver, no puede decirse lo mismo ni de su estabilidad personal ni de su salud, que se iba deteriorando progresivamente. Ya en 1976 una hepatitis le obligó a ingresar en un hospital de Manchester, cancelando una gira por Estados Unidos junto a Rainbow, pero el paso del tiempo acentuó los problemas y a finales de la década el deterioro era patente. Basta decir que en plena grabación de ‘Black Rose’, que tuvo lugar en París en 1979, estuvo sin poder salir de la habitación del hotel durante casi una semana. Los conciertos comenzaban a ser irregulares en la nueva década, dependiendo del estado de Phil Lynott, que estaba metido en una rueda que consistía en un montón de drogas en las fiestas tras los conciertos, y un montón de tranquilizantes para descansar antes del siguiente show, tras el cual se repetía la historia, un día y otro día.   

Cartel del último show de THIN LIZZY

Lógicamente todo esto afectaba a su carácter. Los problemas de ego acabaron con la huida de varios músicos, y era habitual que Lynott perdiese los papeles, aunque es de justicia decir que los trapos sucios se lavaban en

 casa. Eran los técnicos, roadies y compañeros de banda los que pagaban el pato, ya que Phil siguió siendo un caballero y mostrando un total respeto por sus fans (o “supporters” como a él le gustaba llamarlos), recibiéndoles en su camerino tras los conciertos y compartiendo su tiempo con ellos como siempre había hecho.   

 Esa fue la situación que marcó el viaje hacia el inevitable final de Thin Lizzy. Las ventas del grupo eran notables, pero el ritmo de vida de la banda había generado una deuda abismal, que hizo que managers y directivos cerrasen el grifo. Era el momento para grabar un álbum y hacer una gira de despedida que saldase el déficit e hiciese posible al menos, encarar el futuro sin números rojos. El 4 de septiembre de 1983 en el Zeppelin Field de Nuremberg, Thin Lizzy actuaba por última vez con Phil Lynott al frente.   

LA CAÍDA AL POZO   

Managers y compañía se habían encargado de enterrar al grupo de Phil, que veía como todo empezaba a caer a su alrededor. Intentó seguir adelante bajo otro nombre pero Scott Gorham, totalmente enganchado a la heroína, decidió desaparecer para salvar su vida, Brian Downey estaba agotado y en una penosa situación económica, por lo que tuvo que decir no por primera vez tras casi quince años al lado de Phil, y John Sykes eligió una millonaria oferta de Whitesnake por encima del incierto futuro junto a Lynott. Su esposa, Carolina Crowler terminó de darle la puntilla cuando se divorció de él, quedándose con la custodia de Sarah y Cathleen, sus dos pequeñas y partiendo a Phil por la mitad.   

Se abría una brecha en su vida, que a pesar de todo estaba decidido a superar montando otra banda con viejos amigos. Su nombre era Grand Slam y la calidad de su propuesta más que aceptable, pero incapaz de conseguir un contrato, tuvo que tirar la toalla.   

Aún en un momento tan desesperado, mantuvo intacta su creatividad y pasión por la música, lo que le valió que su antiguo manager Chris Robinson volviese a trabajar para él consiguiendo que Polydor le editase un single como artista en solitario. ‘Nineteen’ era el principio de un nuevo intento, que se acompañaba con su colaboración en el álbum ‘Run For Cover’ de Gary Moore, con quien también grabó ‘Out In The Fields’, el famoso EP de las casacas rojas. ¿Era un nuevo comienzo? ¿La luz al final del tunel? No, y él lo sabía. Las últimas semanas de 1985 las pasó encerrado en casa, con continuos vómitos, y solo fue capaz de recuperarse para recibir la visita de su madre y sus dos hijas el día de Navidad. Aquella misma noche le encontraron tirado en su habitación sin conocimiento, y del resto ya hemos hablado. Su funeral tuvo lugar el 9 de enero, en la iglesia de St. Elizabeth de Richmond, y dos días después fue enterrado en el cementerio de St. Fintan en Sutton.   

Nuestro héroe en Valladolid, como un Labordeta cualquiera!

Cuentan que cuando Brian Robertson recibió la noticia, perdió el conocimiento. Si un tipo tan duro como él, que por fuerza tenía que esperar algo así se desmayó, queda más que claro lo traumático que fue para el resto de la comunidad rockera, y, sobre todo, para el público. Phil siempre caminó en el filo, pero no por esperada que fuese su muerte fue menos llorada. Su talento, su magnetismo y su sensibilidad, además de su legado creativo, permanecen en la memoria de todos nosotros, muy por encima de morbosas historias sobre su lado oscuro. No podremos hoy depositar nuestros fetiches en su tumba, pero es un buen momento para que ‘Jailbreak’ empiece a dar vueltas en el equipo… The Boy Is Back In Town!!!   

Miguel.Asturias

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