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SWEDISH DEATH METAL, por Daniel Ekeroth

¿Puede un género tan específico como el death metal tener el suficiente número de seguidores para que una editorial se arriesgue a publicar un libro sobre su historia?. La pregunta se responde más que de sobra en este mismo blog donde ya hay una reseña de “Eligiendo muerte“, traducción al español de “Choosing death”, escrito por Albert Mudrian.

Afinemos ahora la pregunta: ¿puede el death metal de un país concreto tener la suficiente entidad en sí mismo para que se publique un libro sobre él?. La respuesta es sí, y ese libro se llama “Swedish death metal“.

De nuevo es Bazillion Points la editorial que, desde Brooklin, N.Y., pone en circulación un trabajo que no está dirigido exclusivamente a los fans del death metal, si no que es perfectamente capaz de atrapar a quienes solo visitamos ese estilo de manera ocasional.

Su estructura es puramente cronológica, arrancando a principios de los ochenta para terminar en esta década, pero hay algo especial en el desarrollo de la historia que añade un plus al desarrollo del libro. Me refiero que a medida que avanzan los años, se van incorporando nuevas referencias que renuevan el argumento y lo alejan del típico aluvión de cifras, fechas y datos. Por buscar una comparación, se me ocurre la de una reacción en cadena donde un neutrón provoca la fisión de un átomo que a su vez libera más neutrones los cuales provocan otras fisiones etc. etc.

Daniel Ekeroth nos describe en los primeros capítulos, el germen del death metal sueco, con referencias a discos recopilatorios y algunas ediciones pioneras, con gran atención, como es lógico, para BATHORY y la compañía Black Mark. También por supuesto una inevitable mirada al punk d-beat, rindiendo un merecido tributo a nombres como ASOCIAL, MOB47 o ANTICIMEX. El transcurso del tiempo nos trae las primeras demos y los fanzines, enriqueciendo el desarrollo del libro con referencias a MORBID, MERCILESS, NIHILIST, la SLAYER MAGAZINE, MEFISTO y demás, para continuar con las primeras ediciones en vinilo de bandas como ENTOMBED o CARNAGE, compañías como CBR, los míticos Sunlight Studios etc.

La reacción en cadena de la que hablaba antes ya ha tenido lugar y Daniel nos narra, cómo paso a paso todo se acerca al estallido final. Coincidiendo con la primera mitad de los noventa, la narración de hechos, datos y anécdotas sobre festivales, productores, bandas y discos se suceden a un ritmo vertiginoso, haciendo que lo que empezó como un relato basado en varias demos, un fanzine y apenas un par de discos, se convierta en una avalancha. Los fanzines se cuentan por docenas, las bandas más ‘veteranas’ encuentran asiento internacional en compañías como Nuclear Blast, Earache o Century Media y el número de grupos con álbumes publicados aumenta de manera exponencial añadiendo nombres y más nombres: UNLEASHED, GRAVE, THERION, SEANCE, EDGE OF SANITY, CEMETARY…

Mediada la década de los 90, Daniel nos habla sobre el inevitable descenso de popularidad del death metal, lastrado en general por la aparición de las malas vibraciones y por hechos concretos como el atentado durante el show de DEICIDE o las amenazas de muerte a ENTOMBED que poco a poco fueron minando la esencia de una escena que ya había conseguido mucho más de lo que sus creadores acertaron ni siquiera a soñar algún día.

Swedish Death Metal” es un verdadero tsunami de información que el autor narra con la misma virulencia con la que se desarrolló en sí misma, pero escribiendo con mucha dedicación y cariño, y ambas cosas se notan. La dedicación es la de un tipo que sabe perfectamente de lo que habla y que mueve los suficientes hilos para que en el libro participen la mayoría de las ‘grandes figuras’ del death sueco: desde Mike Amott (CARNAGE, CARCASS, ARCH ENEMY) al verdadero motor del desarrollo del death metal en aquel país, Nicke Andersson (NIHILIST, ENTOMBED, HELLACOPTERS, IMPERIAL STATE ELECTRIC) pasando por Ola Lingren (GRAVE), Fred Estby (DISMEMBER), Anders Björler (AT THE GATES) y docenas de personajes más a quienes se me hace imposible citar por falta de espacio.

Por otro lado, el cariño que el autor refleja en sus textos es el de quien en el fondo fue y sigue siendo un fan, y que al escribir este libro, no parece buscar otra cosa que mostrar su agradecimiento a todos esos grupos y situaciones que a buen seguro le hicieron muy feliz en aquellos momentos y seguramente continúan haciéndolo hoy día. La proximidad con la que cuenta las cosas desmitifica en cierta anera a todas aquellas bandas de logos indescifrables, porque descubrimos que tras toda aquella sangre, lo que había era un montón de gente con ganas de pasarlo bien y dar salida a una creatividad quizá retorcida, pero no por ello menos válida.

portadas de las ediciones alemana y polaca.

El idioma es inglés, pero muy asequible. No olvidemos que quien lo escribe es sueco, de manera que resulta más sencillo de entender para quienes no utilizamos ese idioma cada día, que si lo hubiese escrito alguien de, pongamos por caso Wisconsin o Stratford upon Avon.

Llama la atención el hecho de que al contrario que ocurre con “Choosing Death” en este libro se sitúan las raíces del death metal más en el heavy metal que en el dis-punk, lo que no deja de ser curioso teniendo en cuenta que Suecia es la cuna de las mejores bandas de ese género.

Sobre la edición y presentación, una calidad a la altura que merece el producto en el papel, la impresión, el diseño… y el caso es que pidiéndolo a Ebay y viniendo desde Inglaterra me salió más barato que otros libros de música publicados en España que he comprado la librería de al lado y que encima están subvencionados con nuestros impuestos.

Luego nos quejamos de que no se lee…

Miguel.Asturias

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4 pensamientos en “Hemeroteca

  1. Buenos días, Miguel

    No sé si soy “digno” de escribir algo al respecto. No conozco nada del género y, la verdad, no me gusta en absoluto. Cuando era más joven conseguimos de importación el “Blood Fire Death” de Bathory, pero ya te digo… no tengo un recuerdo claro del mismo (si de su portada, con ese cuadro tan “bonito”), sólo que tenía un sonido atroz…. apabullante…. No, no me gustó.

    Lo que si quisiera apuntar es lo “original” de que comentes libros sobre música. Algo que no suele abundar en absoluto en este tipo de páginas; por lo que más interesante, si cabe, me parece ésta.

    Para terminar dos reflexiones: Por un lado, el nivel de aceptación general que tienen del rock en los paises nórdicos, incluso, en sus facetas más extremas; y por otro, la centralización de estos paises como foco generador de toda la nueva savia que sustenta al género (algo así como lo de Italia y el Symphonic Power Metal).

    Gracias por tu tiempo. Saludos

    Lord Pink Flower

    • Hola PINK . Bueno, yo tampoco soy un gran seguidor del género, no me cansaré de repetirlo, pero sí es cierto que hay bandas que me gustan y mucho, como OBITUARY o CARCASS, al margen de grandes grupos, estoy muy perdido, pero sí he de decir que lo atractivo de este estilo está más allá de la música…como suele suceder casi siempre. Como ocurre con el thrash metal o el heavy metal de los primeros 80 en el Reino Unido, el death debe su entera existencia al impulso generado por los propios fans, y eso es lo que le da valor en mi opinión. Verdaderamente no encuentro demasiado interés en, por ejemplo, la escena progresiva, sinfónica, FM o AOR por muy apabullante que sea la técnica de los músicos o su talento a la hora de escribir. Simplemente me atraen más estos pirados nórdicos que con mucha más voluntad que talento crearon un sonido propio. Ojo, tampoco intento decir que son unos negados técnicamente. Hay verdaderos maestros en su estilo, pero claro CARNAGE al lado de GENESIS, reconozco que no dan la talla, si bien, insisto, la historia de CARNAGE y todo lo que les rodea me parece mucho más interesante.

      Respecto al resto de tu comentario, pues sí que hay más págiinas (especialmente blogs) que comentan libros. La de un colega que escribe por aqui a veces es una de ellas. Échale un vistazo: http://popujedi.blogspot.com/

      y sobre el nivel de aceptación que tiene el rock en los paises nórdicos, pues tienes razón: es espectacular. En el pueblo más minúsculo surgen grupos, y ademas de todos los colores. Yo creo que en parte se debe al clima. La gente, al no poder salir demasiado porque debe haber como tres meses al año de tiempo humanamente aceptable, se dedica a formar bandas y a aprender a tocar. En los paises latinos, la cosa es muy diferente, porque hay otras tendencias…. bueno, es solo una teoría, pero pudiera estar por ahí la cosa.

  2. Hola Miguel:
    Pues creo que aquí hemos pinchado en hueso. Nunca me ha preocupado conocer nada de death ni de black, y mira que he devorado jevi en estos últimos treinta años. Ese instinto primario que todos llevamos dentro para este tipo de cosas me ha guiado a otros sonidos, a otras escenas. Y es muy probable que me haya perdido cosas muy interesantes, no lo niego.
    Sólo añadir algo que es una realidad evidente, y que apuntas al final del comentario. Si un libro en España cuesta 23/25€ y lo encuentras en EBay por 15/20€, incluyendo gastos de envío, hay un problema que aquí estamos intentando resolver a base de “Leyes Sinde”. El poder adquisitivo del españolito medio no permite comprar todo lo que demanda en cultura, una vez gastada la nómina en la hipoteca y el hiper, y hay dos opciones: frustración o piratería. ¿Qué no se lee en este país?. No es cuestión de cultura. Alguien dijo: “Quien gasta en frivolidades acaba vendiendo lo imprescindible”, y en esa estamos. Disculpa la perorata.

    • Hola VICTOR. Pues insisto, merece la pena acercarse al libro aun sin gustarte el género. Seguro que tú concretamente disfrutarías mucho de él por las conexiones nostálgicas. Lógicamente se disfruta más cuanto más cercano es el argumento, pero todo aquello surgido de la nada y levantado con el esfuerzo de unos chavales que lo único que tenían era voluntad, tiene su encanto. Por otro lado, pues admitámoslo, en España no hay una tradición lectora, aunque en nuestras manos está el cambiarlo. Mientras se pueda evitar y al margen de pelis, series y cosas por el estilo, lo mejor es no encender la televisión. Eso sería una enorma ayuda para cambiar el mundo.

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